Palantir: República Tecnocrática y Tecno-Fascismo
El manifiesto de Alex Karp, el Anticristo de Peter Thiel y el plan de Silicon Valley para sustituir a la democracia.
Dugin lo ha llamado tecno-fascismo. Varoufakis también. La reacción instintiva de medio internet fue la misma.
Es el insulto más efectivo disponible. También es impreciso.
El fascismo histórico adoraba al estado, movilizaba masas y construía cultos de identidad étnica. Lo que describo en este artículo es todo lo contrario, desprecia al estado como gestor, prescinde de las masas y construye un culto a la eficiencia técnica.
Mussolini nunca habría dicho que los funcionarios públicos son ineficientes y que una IA los haría mejor.
Lo que está pasando es algo más nuevo y más difícil de nombrar.
Tecnocracia acelerada con estética de poder duro.
Soberanismo corporativo.
Feudalismo tecnológico.
Ningún término lo captura del todo.
Llamadlo como queráis. Lo que está claro es que hay un plan, llevan veinte años ejecutándolo y el manifiesto del sábado pasado es solo la última pieza visible.
El Manifiesto de Palantir
El pasado sábado, Palantir publicó en X un hilo de mil palabras.
Lo tituló "La República Tecnológica, en breve" y lo abrió con una frase que podría ser el eslogan de una empresa de defensa o el primer capítulo de una novela distópica:
Silicon Valley tiene una deuda moral con el país que hizo posible su ascenso.
Nadie se lo había pedido. O eso decían ellos: "porque nos lo preguntan mucho."
Palantir Technologies cotiza en el Nasdaq bajo el ticker PLTR.
Fundada en 2003 por Peter Thiel, Alex Karp y Stephen Cohen con capital procedente de la salida de PayPal.
Su negocio es software de análisis de datos e inteligencia artificial para gobiernos y grandes corporaciones.
Sus clientes más conocidos son el Ejército americano, la CIA, el DHS, el NYPD y el ICE.
En los últimos meses, sus herramientas han sido usadas en las operaciones militares en Venezuela e Irán.
Los pagos del gobierno americano a Palantir casi se doblaron en 2025. El contrato con el Ejército vale 10.000 millones de dólares.
El hilo del sábado es un resumen de 22 puntos del libro que Karp publicó en febrero de 2025 junto a Nicholas Zamiska. El libro fue número uno en el New York Times, tuvo reseñas en el Wall Street Journal, el Financial Times y el New Yorker, y vendió bien entre quienes leen ese tipo de libros.
Lo que no había tenido era tracción viral fuera de ese círculo. El hilo de X es la versión para los que no leen 300 páginas. Generó en 48 horas cobertura en Engadget, TechCrunch, TRT World y una docena de medios más.
Pero Palantir no necesita publicidad, ¿quiénes son y qué quieren?.
¿Quién hay detrás de Palantir?
El nombre no es casual.
En la mitología de Tolkien, los palantíri son piedras videntes que permiten ver a distancia y comunicarse a través del espacio. En El Señor de los Anillos, Sauron las usa para vigilar a sus enemigos y manipular a quienes las tocan.
El que mira cree que controla la información. En realidad es controlado por quien controla la piedra.
Peter Thiel eligió ese nombre en 2003.
Para entender Palantir, hay que entender quién es Peter Thiel.
Peter Thiel tiene 57 años, cofundó PayPal, Palantir y Founders Fund, y lleva dos años dando conferencias privadas sobre…
el Anticristo.
San Francisco en septiembre, París en diciembre, Roma en marzo.
Por invitación.
Sin prensa.
Sin grabaciones, pero las de San Francisco se filtraron al Washington Post.
Su tesis, reconstruida a partir de las filtraciones y sus entrevistas públicas, no tiene nada de mística. El Anticristo no sería una persona sino un sistema que toma el poder explotando el miedo a la inteligencia artificial, el cambio climático o la guerra nuclear.
El eslogan de este Anticristo, en palabras del propio Thiel: "paz y seguridad."
No una figura abiertamente malévola sino un administrador reconfortante que promete controlar la innovación para salvarnos de ella.
La ironía es difícil de ignorar.
Palantir, cofundada con capital inicial de la CIA, construye las mismas estructuras contra las que Thiel advierte. Su plataforma Gotham integra emails, datos financieros y redes sociales en perfiles individuales consultables.
Thiel avisa del Anticristo vigilante mientras vende el software de vigilancia.
La contradicción es real, pero quizás no es la contradicción que parece. Si el problema no es la herramienta sino quién la controla, Palantir en manos del Ejército americano y un gobierno global en manos de Bruselas no son lo mismo. Eso no lo dice Thiel explícitamente. Pero es la única lectura que hace coherente su posición.
Queda una pregunta que Thiel no responde, probablemente porque no le conviene. Un gobierno global entra en su definición pero, ¿no lo hace también una IA?
Él describe al Anticristo como un sistema reconfortante que acumula poder de forma gradual e invisible, que promete eficiencia y seguridad mientras elimina la capacidad humana de transcenderse. Un administrador que aprende, optimiza y genera dependencia sin que nadie tome la decisión de cederle el control.
Si buscas algo que encaje perfecto en esa descripción solo tienes que mirar a la Unión Europea: un leviatán burocrático que sustituye la agencia del individuo por el cumplimiento normativo. Un sistema donde la promesa de seguridad ahoga cualquier posibilidad de innovación radical.
La respuesta llega de donde menos esperaba Thiel, desde Roma. León XIV, el mismo Papa al que el fundador de Palantir fue a provocar en marzo, lleva meses advirtiendo sobre la IA con un argumento distinto al que Thiel supone.
El Papa no pide frenarla.
Advierte que usarla como oráculo erosiona las capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas. Que los algoritmos diseñados para maximizar el engagement premian las emociones rápidas y penalizan la reflexión. Que cuando la simulación se convierte en norma, los vínculos sociales se cierran en circuitos autorreferenciales que dejan de exponernos a la realidad.
El diagnóstico de León XIV y el de Thiel apuntan al mismo problema desde lados opuestos. Los dos señalan hacia la misma pregunta:
una herramienta que no usas tú acaba usándote a ti.
Ahí está el núcleo del pitch de Palantir, aunque no lo digan con esas palabras. Los puntos 8 y 10 del manifiesto de Karp afirman que los funcionarios públicos son ineficientes y que la política cargada de psicología nos lleva al desastre.
La tesis implícita es la que ningún inversor debería perder de vista:
dejadnos gestionar lo público mejor que vuestros políticos.
Las democracias son lentas, capturadas por intereses, incapaces de decidir a largo plazo porque el horizonte del político termina en el próximo ciclo electoral.
Una IA gestora no tiene ese problema.
No hace falta compartir la ideología de Palantir para ver que tienen razón en el diagnóstico.
Las democracias occidentales llevan tres décadas tomando decisiones con un horizonte de cuatro años.
El resultado es conocido:
deuda pública que financia consumo presente a costa de inversión futura,
mercados inmobiliarios que protegen el patrimonio de quienes ya tienen casa a costa de quienes intentan comprarse una,
sistemas de pensiones que transfieren renta de jóvenes a mayores sin que nadie lo haya votado explícitamente.
No es un fallo del sistema.
Es el sistema funcionando exactamente como sus incentivos dictan.
El propósito de un sistema es lo que hace.
La pregunta que nadie en este debate formula todavía es la siguiente: si una IA gestionara la asignación presupuestaria del estado sin ciclo electoral, sin grupos de presión y sin ministros que necesitan salir reelegidos,
¿los resultados serían peores?
No es una pregunta retórica. Es la pregunta que Palantir lleva veinte años posicionándose para responder.
Los Puntos Clave
Los 22 puntos del manifiesto tienen distinta densidad.
La mayoría son declaraciones ideólogicas pretenciosas.
Para analizar el manifiesto vamos a dividirlo en 4 bloques:
Bloque 1: El Futuro del Negocio
Bloque 2: La Geopolítica
Bloque 3: El Ataque a los MAG7
Bloque 4: El Coste
Bloque 1: El Futuro del Negocio
Empecemos por los dos puntos que importan al inversor.
El punto 5:
“La pregunta no es si se construirán armas de IA, sino quién las construirá y con qué propósito. Nuestros adversarios no harán una pausa para debatir sobre los méritos de desarrollar tecnologías con aplicaciones militares críticas. Seguirán adelante.”
El punto 12:
“La era atómica está terminando. Una nueva era de disuasión construida sobre la IA está a punto de comenzar.”
Leídos como filosofía, son provocadores.
Leídos como información para el inversor, son imprescindibles.
Palantir lleva dos décadas construyendo el argumento de que el software de defensa no es una opción sino una necesidad para Civilización Occidental. Lo que han hecho con el manifiesto es ponerlo en 1000 palabras para X.
Los números respaldan la tesis.
En el cuarto trimestre de 2025, los ingresos del gobierno americano crecieron un 66% interanual.
Maven Smart System, su plataforma de inteligencia artificial para targeting militar, acaba de ser designado programa oficial del Pentágono, lo que bloquea financiación estable a largo plazo en todas las ramas.
El contrato con el Ejército vale 10.000 millones a diez años.
Bloque 2: La Geopolítica
El punto 15:
“El desarme de Alemania y Japón debe deshacerse. La desmilitarización de Alemania fue una sobrecorrección por la que Europa está pagando un precio alto. Un compromiso similar con el pacifismo japonés amenaza con alterar el equilibrio de poder en Asia.”
La mayoría de los lectores lo leyeron como una provocación geopolítica.
Es un mapa de expansión de mercado.
Alemania aprobó en 2025 un fondo especial de 500.000 millones de euros para defensa e infraestructura.
Polonia gasta en defensa más del 4% de su PIB, más que cualquier otro miembro de la OTAN.
Japón ha duplicado su presupuesto militar y debate abiertamente el fin de su constitución pacifista.
El Reino Unido, Francia y Dinamarca llevan dos años firmando contratos con Palantir para integrar sus sistemas militares e de inteligencia.
Karp escribió el punto 15 antes de que la mayoría de estos titulares existieran. O lo escribió exactamente porque sabía que iban a existir.
El negocio de defensa europeo de Palantir es todavía pequeño comparado con el americano. Pero si el rearme occidental tiene diez años de recorrido, y todo indica que los tiene, el mercado direccionable se multiplica.
No necesitan ganar todos los contratos. Solo estar en los puntos neurálgicos, que es exactamente lo que saben hacer.
Bloque 3: El Ataque a los MAG7
El punto 3:
“El email gratis no es suficiente. La decadencia de una cultura o civilización solo será perdonada si esa cultura es capaz de generar crecimiento económico y seguridad para el público.”
No menciona a Google.
No menciona a Meta.
No hace falta.
Karp lleva años construyendo el mismo argumento en entrevistas: hay dos tipos de empresas tecnológicas
Las que construyen apps de fotos, algoritmos publicitarios y correo gratuito, y
las que construyen infraestructura para que las democracias sobrevivan.
Las primeras son entretenimiento disfrazado de innovación.
Las segundas son Palantir.
Es un movimiento de posicionamiento competitivo envuelto en lenguaje civilizatorio. Si el mercado acepta ese marco, el capital y el talento deberían fluir hacia defensa y alejarse de consumo. Palantir gana dos veces: más contratos y mejor acceso a ingenieros que antes preferían Google por razones éticas.
Lo que hace el punto 3 en el manifiesto es sentar ese marco en términos morales.
No dice que Google sea mala empresa.
Dice que una civilización que considera el iPhone su mayor logro creativo tiene un problema de ambición.
El lector saca la conclusión solo.
La ironía es que Meta y Google generan cientos de miles de millones en beneficios precisamente porque dan al público lo que el público quiere. Karp no tiene respuesta para eso. Pero en el debate que él quiere tener, la rentabilidad no es el criterio. El futuro de la Civilización sí.
Bloque 4: El Coste
Los puntos 21 y 22 son los que más titulares generaron y los menos comprendidos.
El punto 21:
“Ciertas culturas han producido avances vitales. Otras han demostrado ser mediocres y, en el peor de los casos, regresivas y dañinas.”
El punto 22:
“Debemos resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y hueco.”
Engadget los llamó “los delirios de un villano de cómic.”
Varoufakis los convirtió en un llamamiento a la jerarquía racial.
La reacción fue predecible y era exactamente lo que Palantir buscaba.
Una señal solo es creíble cuando cuesta algo emitirla.
Cualquier empresa que quiera contratos del Pentágono puede publicar un white paper sobre disuasión y poder duro.
Eso no diferencia a nadie.
Lo que diferencia a Palantir es publicar que el pluralismo es vacío y que ciertas culturas son regresivas, sabiendo que eso les cerrará puertas en Europa, les costará talento progresista y generará una semana de cobertura hostil.
Ese coste es el punto. Le dice a la administración de turno: no somos oportunistas que ajustan el discurso según quien pague.
Pagamos el precio ideológico.
Y esa credibilidad vale contratos.
El mecanismo funciona. Los ingresos del gobierno americano casi se doblaron en 2025. Maven es ya programa oficial del Pentágono. El mercado puede leer los puntos 21 y 22 como provocación cultural. El inversor debería leerlos como lo que son: el coste de entrada a una relación contractual que, una vez asegurada a esta profundidad, no necesita renovarse en una generación.
Es una apuesta fuerte, ¿no?
Todo esto plantea una pregunta que el inversor no puede ignorar:
¿están apostando a que el ciclo político americano no cambia, o saben algo que el mercado no descuenta todavía?
La respuesta tiene tres capas:
La primera es el coste de cambiar.
Maven está cosido en los sistemas operativos de todas las ramas militares.
El DHS (Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos) corre sobre Foundry.
Sacar a Palantir de esas estructuras no es una decisión presupuestaria, es un proyecto de años y miles de millones.
Obama no los sacó.
Biden no los sacó.
El próximo gobierno tampoco lo hará, no porque comparta la ideología sino porque no puede permitirse el coste operativo.
La segunda es que la tesis de fondo trasciende cualquier ciclo electoral.
El argumento de Karp es estructural: las democracias occidentales necesitan software de defensa y solo hay un puñado de empresas capaces de construirlo dentro de entornos clasificados.
Eso es verdad independientemente de quién gane en 2028.
Karp es alemán, se doctoró en Frankfurt, y no es un ideólogo de derechas.
Es alguien que identificó dónde está el dinero estructural y construyó el relato para llegar antes.
La tercera es que el ciclo cultural que penalizaba el lenguaje de poder duro ha terminado.
Y no solo en América.
Alemania se rearma. Quieren tener la mayor fuerza militar de Europa en 2039, justo 100 años después de… 1939.
Francia debate el servicio militar.
El ciclo que durante dos décadas hacía políticamente costoso hablar de hard power lleva tres años retrocediendo en todos los países del G7.
El manifiesto es, por tanto, un resumen de sus intenciones: creen que el ciclo es irreversible.
Si el lenguaje de hard power, deuda civilizatoria y software de defensa como necesidad moral queda instalado en el debate público occidental, el siguiente gobierno que intente revertirlo paga un coste político enorme.
No puede cancelar a Palantir sin parecer que cancela la defensa de occidente.
Espera, ¿qué?
Sí, llegados a este punto, dos conclusiones son claras.
Palantir quiere ser irremplazable.
No el proveedor más barato ni el más eficiente, sino el que no puedes sacar sin que el sistema de defensa occidental se rompa. El manifiesto, los contratos en puntos neurálgicos, la path dependency: todo apunta al mismo objetivo. Coserse tan profundo en la infraestructura del estado que retirarlos requiera reconstruir todo lo que hay encima.
Hay una élite tecnológica, con Thiel y Musk en el centro y docenas de nombres alrededor, que está interesada en sustituir la democracia.
No por un dictador ni por un partido, sino por sistemas de gestión tecnocrática, eventualmente por AGI, que tomen decisiones sin ciclo electoral, sin grupos de presión y sin la ineficiencia estructural que, como vimos antes, convierte a las democracias occidentales en máquinas de tomar decisiones a cuatro años vista.
Palantir es una pieza de ese proyecto. No la única.
Antes de seguir, ¿de dónde viene todo esto?.
El origen
En los años 1930, un movimiento llamado Technocracy Inc propuso algo radical para la época: sustituir a los políticos por ingenieros y tecnócratas que gestionaran los recursos de forma eficiente, racional y sin interferencia democrática.
Dibujaron incluso el mapa de su proyecto: el Technate of America, una zona de gestión técnica unificada que cubría exactamente Norteamérica y Centroamérica. Joshua Haldeman, líder de la rama canadiense del movimiento, abandonó Canadá en 1950 tras años de presión de las autoridades, que habían declarado ilegal el movimiento durante la guerra.
Era el abuelo de Elon Musk.
Noventa años después, Peter Thiel dijo en 2010 algo que conviene no olvidar:
“La idea básica era que nunca podríamos ganar unas elecciones porque somos una minoría muy pequeña. Pero quizás puedes cambiar el mundo unilateralmente sin convencer constantemente a la gente, a través de medios tecnológicos.”
El mapa del Technate y el mapa de la Doctrina Donroe son casi idénticos. En enero de 2026 escribimos en Efe de la Efe sobre el Nuevo Imperio Americano: cómo Estados Unidos está ejecutando una versión actualizada de la Doctrina Monroe, expulsando la influencia china del hemisferio occidental, desde Venezuela hasta el Ártico, desde el Canal de Panamá hasta Groenlandia.
Para la élite de Silicon Valley, el diagnóstico es claro: Occidente no puede competir contra la tecnocracia centralizada de Pekín utilizando burocracias democráticas que tardan diez años en aprobar una línea de tren o un presupuesto de defensa.
Necesitan gestionar el continente como un sistema cerrado y optimizado.
Ahí es donde entra Palantir. Ya no son solo bases militares o portaviones; el control territorial moderno requiere predecir cadenas de suministro, monitorizar flotas extranjeras en tiempo real y centralizar la inteligencia hemisférica.
Palantir es la capa de software que hace funcionar esa nueva geometría estratégica.
Lo que Karp llama República Tecnológica no es una idea nueva. Es la misma idea con mejor financiación, mejores herramientas y noventa años de paciencia.
Palantir no está sola
Lo que Karp y Thiel representan es la punta visible de un ecosistema que lleva una década construyéndose en silencio.
En 2025 el capital de riesgo en defensa tech batió todos los récords, con acuerdos por valor de 49.100 millones de dólares, casi el doble que el año anterior.
Anduril es la más importante después de Palantir. La fundó Palmer Luckey, el creador de Oculus, con dinero inicial de Thiel. En marzo de 2026 cerró una ronda de 4.000 millones a una valoración de 60.000 millones. Su producto es Lattice OS, una plataforma de IA que conecta sistemas de vigilancia, drones y comando de combate en tiempo real. Si Palantir es el cerebro de inteligencia, Anduril es el brazo armado autónomo.
Scale AI es la menos conocida fuera del sector pero quizás la más estratégica. Entrena los modelos que usan el Ejército y la CIA, y trabaja junto a Anduril en Thunderforge, el programa de la Defense Innovation Unit para integrar agentes de IA en operaciones militares. Quien controla el entrenamiento de los modelos controla qué ven y cómo deciden.
SpaceX opera en una categoría propia. Starlink es infraestructura militar de facto en Ucrania, Taiwan y una docena de teatros de operaciones. El Pentágono depende de sus cohetes para lanzar satélites clasificados. Musk tiene el moat de infraestructura más sólido del ecosistema porque sus competidores están a años de distancia.
El hilo que une todo esto son dos fondos: Founders Fund y a16z.
Thiel a través de Founders Fund puso el capital inicial en Palantir y lideró las primeras rondas grandes de inversión en Anduril.
Andreessen Horowitz con a16z construyó encima con su fondo “American Dynamism”, su etiqueta para el ecosistema de defensa y soberanía tecnológica, dotado con 1.176 millones propios.
Palantir, Anduril, Scale AI, Shield AI, Saronic, Castelion: todas tienen a a16z o a Founders Fund en el cap table, y en muchos casos a los dos.
La tesis compartida es que el complejo militar-industrial tradicional, Lockheed, Raytheon, Boeing, es demasiado lento, demasiado burocrático y demasiado caro para el mundo que viene.
El círculo se cierra con Scott Kupor, primer empleado de Andreessen Horowitz y durante años su managing partner, dirige ahora la Office of Personnel Management de la administración Trump. Es la oficina que controla quién entra y quién sale de la función pública federal.
El ecosistema no tiene acceso al estado.
El ecosistema es el estado.
Capital Privado
La construcción de estas gigantescas empresas ha sido perfectamente coherente con su lógica aunque nos duela como inversores.
El ecosistema que critica la ineficiencia democrática ha construido sus mayores activos completamente fuera del alcance del inversor normal.
Palantir cotiza, sí.
Pero Anduril, Scale AI y SpaceX han crecido de 0 a decenas de miles de millones dentro del perímetro cerrado del capital institucional. Los fondos de pensiones, los endowments universitarios y los LP de Founders Fund y a16z han capturado toda la fase de creación de valor.
Si crees que las decisiones importantes las deben tomar los más capaces y no las masas, construir sin el pequeño inversor minorista es aplicar la tesis al pie de la letra.
No es que quieran salir a bolsa para una democratización de su capital. Lo que tienen es una necesidad mecánica. En el argot financiero se llama exit liquidity (liquidez de salida). Los fondos de Venture Capital tienen ciclos que caducan y necesitan que alguien les compre sus acciones para devolver el dinero a sus socios.
El desprecio por las masas desaparece cuando necesitas sus planes de pensiones y sus ahorros para cobrar la factura.
Peter Thiel escribió el famoso libro 'De Cero a Uno'. Pues bien: el tramo del cero al cien se lo han quedado ellos en privado. Al pequeño inversor, a través de estas IPOs, le van a vender el tramo del cien al ciento uno. Y para que lo compre a valoraciones históricas, no le pueden vender solo un software militar; le tienen que vender la supervivencia de la civilización y la 'República Tecnológica'.
El manifiesto de Karp no es solo ideología; es el inicio no oficial del roadshow para la mayor extracción de liquidez de esta década.
El pequeño inversor es ahora el vehículo para sus objetivos.
¿Por qué ahora?
SpaceX y Anthropic no salen a bolsa porque necesiten dinero desesperadamente para pagar la nómina. Salen porque el mercado primario de Capital Privado tiene un límite de absorción y sus inversores, tras una década de espera, necesitan liquidez.
Pero una IPO de cientos de miles de millones de dólares es una maquinaria frágil. No puedes sacarla a la calle con cualquier clima meteorológico. Necesitan lo que en Wall Street se llama un “mercado Goldilocks”: ni muy frío, ni muy caliente.
Si el mercado entra en corrección, el miedo seca la liquidez. El inversor retail se esconde y los grandes fondos exigen descuentos humillantes en la valoración. Por el contrario, si el mercado entra en una burbuja descontrolada, parece el momento ideal para salir, pero es una trampa mortal.
Estas empresas no venden zapatillas ni apps de fotos; venden “infraestructura para la supervivencia de la civilización”. Si salen a bolsa en un pico de euforia, la burbuja pincha a los seis meses y su acción se desploma un 70%, destruyen su narrativa durante una década.
El Pentágono no quiere depender de una empresa que cotiza como una “meme stock” volátil.
Necesitan proyectar una solidez imperial. Necesitan un mercado alcista, constante, dopado pero predecible.
Y aquí es donde la geopolítica y las finanzas se dan la mano. Trump ha demostrado una capacidad notable para mover mercados con declaraciones, aranceles y posts en redes sociales. Más importante aún: Trump utiliza el S&P 500 como el marcador personal de su éxito político.
Que esa influencia sobre el mercado pueda usarse para orquestar y mantener un entorno “Goldilocks” durante los próximos 18 meses, justo la ventana de salida de las empresas cuyos fundadores financiaron su campaña y ahora pueblan su administración, no es una conspiración.
Es el incentivo más perfectamente alineado de la historia financiera reciente. La Casa Blanca necesita un mercado eufórico pero controlado; el ecosistema Thiel/Musk/a16z necesita exactamente lo mismo para ejecutar la mayor extracción de liquidez de la década.
Y tienen todas las palancas del poder político y mediático para intentarlo.
Objetivo: Salir a Bolsa (IPOs)
SpaceX es la IPO más esperada del ciclo.
Valorada por encima de 350.000 millones, sería la mayor salida a bolsa de la historia americana.
Tiene el moat de infraestructura más sólido del ecosistema: Starlink, los contratos clasificados del Pentágono, el monopolio práctico del acceso al espacio para cargas críticas.
El problema para el inversor retail es el de siempre: cuando SpaceX salga, la mayor parte del recorrido ya habrá ocurrido en privado. Llegas a la fase de escala, no a la de creación.
Anthropic es el caso contrario.
No es una empresa de defensa.
Tiene restricciones explícitas sobre uso militar autónomo.
Sus mayores inversores son Amazon y Google, no Thiel ni a16z.
Ha intentado activamente mantenerse fuera del marco ideológico que describe este artículo.
¿Puede una empresa de IA con ambiciones de liderazgo global mantenerse neutral cuando sus competidores llevan años cosidos a los presupuestos de defensa, a los contratos clasificados y al ecosistema Thiel/a16z?
Anduril ya usa modelos de IA en sistemas de targeting.
Scale AI entrena modelos para el Ejército.
La línea entre IA civil y IA militar se estrecha cada trimestre. Anthropic es la excepción que todavía no ha decidido si quiere seguir siéndolo.
Los mercados públicos por fin van a tener opinión sobre eso.
Conclusión
Tres hilos quedan sueltos y los dejo sueltos a propósito, porque volveremos a ellos en próximos artículos.
El primero es teológico.
Thiel no usa el marco del Anticristo solo como metáfora política. También lo toma en serio como categoría real. Y dentro de la coalición que rodea a Trump conviven facciones con visiones del fin de los tiempos radicalmente distintas, pero todos tienen una:
el ala cristiana sionista que ve el Tercer Templo como condición para la Segunda Venida,
el ala sionista religiosa que quiere el Tercer Templo por razones completamente distintas pero con el mismo resultado práctico,
el nacionalismo católico que corteja Vance,
y el pesimismo de Thiel, que desconfía de todos los anteriores.
Esta coalición fracturada y apocalíptica es la que está diseñando y financiando la infraestructura militar y tecnológica de la próxima década.
El segundo es financiero.
SpaceX y Anthropic no son las únicas IPOs relevantes del ecosistema que se esperan en los próximos doce meses.
Anduril, Scale AI, Stripe y una docena de nombres más están en la misma ventana. Es la mayor concentración de salidas a bolsa de empresas de alto impacto desde 2021, y a diferencia de aquel ciclo, estas empresas tienen revenue real, contratos reales y tesis de negocio que no dependen de tipos al cero.
Para el inversor retail que lleva años mirando este ecosistema desde fuera, 2026 puede ser el año en que finalmente pueda entrar. O el año en que confirme que el acceso siempre llegará tarde. Lo analizaremos en profundidad.
El tercero es histórico.
El siglo XX se está repitiendo. La gripe española y el covid, el auge de los nacionalismos entonces y ahora, el rearme de las potencias, las élites que quieren reconfigurar el orden político.
Pero el paralelo más importante todavía no ha ocurrido. El 2008 no fue el equivalente al 29. Fue el equivalente al crack de 1907, el aviso que se parchó y se olvidó. ¿Y si la crisis del 29 de verdad, la que reconfigura el orden económico completo, está por llegar?
Alemania quiere tener el mayor ejército de Europa en 2039, cien años después de 1939. Puede ser coincidencia. Puede ser que los ciclos históricos tengan una lógica propia que no pregunta permiso. Lo exploraremos.
Gracias por leer. Si te ha sido útil, compártelo o respóndeme con dudas/sugerencias.
Disclaimer: Todo el contenido tiene fines educativos y refleja mi análisis personal del mercado. No constituye asesoramiento financiero ni recomendación de inversión.













