Groenlandia y El Nuevo Imperio Americano
La Cartera "Donroe": Cómo invertir en la anexión de Groenlandia y el cierre del Ártico.
Para entender Groenlandia, primero tienes que entender Chagos
Si crees que lo de Groenlandia es una pataleta diplomática o una obsesión inmobiliaria de Trump, te falta la precuela.
Antes de hablar del Ártico, del radar, de los minerales y de la OTAN, hay un episodio que explica el modo mental de Washington:
Chagos
Chagos es un archipiélago perdido en el Índico.
No sale en las películas.
Y, sin embargo, es uno de esos puntos del planeta donde se decide quién manda cuando todo se pone feo.
Allí está Diego García, una base militar crucial para Estados Unidos y Reino Unido: el tipo de lugar desde el que puedes proyectar poder hacia Oriente Medio, África Oriental, el Mar Arábigo y parte de Asia.
Y ahora viene lo interesante.
Reino Unido está negociando ceder la soberanía de Chagos a Mauricio.
Cómo veis Mauricio ni siquiera está cerca.
El suelo legal bajo Diego García dejaría de ser británico y pasaría a manos de un tercero. Te dirán que “no pasa nada” porque la base se queda en alquiler (a 99 años). Te dirán que está “garantizada”. Te dirán que es un acuerdo técnico.
Aquí es donde la historia de Chagos se conecta con Groenlandia.
Porque cuando Estados Unidos ve que incluso su aliado más íntimo, Reino Unido, puede acabar cediendo soberanía de un enclave crítico, el mensaje que recibe Washington no es “todo está bien”.
El mensaje es:
“Tus aliados ya no son las mismas personas que eran antes, ¿qué ocurrirá si su población sigue cambiando?”
El mundo en el que naciste ya no existe.
El beneficiario de este movimiento es China.
China lleva años viviendo de lo mismo: erosionar el perímetro occidental sin disparar un tiro, aprovechando debilidad política, necesidad económica y élites que prefieren el corto plazo a la seguridad estratégica.
La única manera que muchos líderes europeos han encontrado para “amenazar” a Trump no es con ejército, ni con industria, ni con capacidad de presión real:
“pues entonces nos acercamos a China”.
Cada vez que hay fricción con Estados Unidos, aparece la misma idea: más comercio con China, más inversión china, más acuerdos chinos.
Hasta Canadá está entregándose a China.
Y aquí está la pregunta que importa, la única que importa:
¿puedes confiar en un aliado que te amenaza constantemente con fortalecer económicamente a tu competidor?
Europa no está disponible (y ya no es la misma)
Europa hoy no está disponible. No como aliado “serio”, no como respaldo fiable, no como potencia capaz de sostener una pelea larga.
¿Ha cambiado Estados Unidos… o ha cambiado Europa?
Estados Unidos sigue haciendo lo mismo de siempre: proteger su perímetro, asegurar rutas, garantizar acceso a recursos críticos y mantener superioridad militar.
Lo que ha cambiado es Europa.
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial —y sobre todo desde el final de la Guerra Fría— Europa se ha ido convirtiendo en un bloque con cuatro debilidades estructurales que la vuelven poco útil como aliado estratégico real.
Los cuatro problemas europeos
1. Falta de libertad de expresión (y por tanto, ceguera)
Europa ha construido sociedades donde decir ciertas cosas tiene coste social, legal o laboral.
Eso crea un problema estratégico inmediato:
si no puedes hablar claro, no puedes diagnosticar bien.
Y si no puedes diagnosticar bien, no puedes corregir rumbo.
Las sociedades que se autocensuran acaban haciendo política exterior como hacen política interna: por inercia, por moralismo y por miedo al conflicto.
2. Falta de ejército (y desmantelamiento real de poder nacional)
Europa ha desinvertido en lo único que convierte a un país en un actor soberano:
industria militar
capacidad de reposición
disuasión real
y voluntad de asumir costes
No es solo “gastar poco”. Es que muchos países han perdido la mentalidad de poder. Y cuando llega la hora de actuar, Europa aparece como lo que es: un bloque optimizado para la paz, no para la guerra.
Y un aliado de paz no sirve cuando el mundo entra en fase dura.
Canadá era el 4º ejército más grande de la OTAN, hoy es del tamaño de la Guardia Nacional de Alabama.
Lituania puede desplegar más tropas en 24 horas que Reino Unido, Francia y Alemania.
3. Cambio poblacional (y pérdida de cohesión)
Europa también ha cambiado por dentro: más fragmentación social, menos cohesión, más disonancia de valores.
Y esto es importante porque en geopolítica hay una verdad básica:
la cohesión interna determina la capacidad de sostener conflicto externo.
Si tu sociedad no comparte una identidad mínima, una disciplina mínima y una confianza mínima en sus instituciones, tu país se vuelve más vulnerable a:
presión económica
propaganda
chantaje energético
y manipulación política desde fuera
Y eso, desde el punto de vista de EEUU, convierte a Europa en algo inestable: un socio que puede girar de postura con cada crisis interna.
¿Qué votarán los habitantes de Reino Unido cuando el islam sea mayoritario?
¿Vendrán a nuestra ayuda si los necesitamos?
¿Podemos confiar en el uso de sus armas nucleares?
Como conjunto, los jóvenes europeos están siendo educados para ser no violentos, y para aceptar la autoridad pasivamente… incluso cuando la realidad alrededor se está degradando.
4. La dependencia energética (y la hipocresía)
Europa no solo tiene un problema de ejército, de cohesión y de autocensura. Tiene uno aún más básico, más material, más sucio:
sigue dependiendo de la energía rusa.
Todo lo que te dicen los europeos sobre Ucrania es mentira.
Porque mientras se indignan en público, mientras hablan de valores, mientras posan con banderas y hacen comunicados, siguen comprando petróleo y gas a Rusia. Y eso significa una cosa:
siguen financiando la guerra.
De hecho, hay estimaciones (CREA) de que Europa compró en 2024 alrededor de 22.000 millones de euros en combustibles fósiles rusos, más de lo que entregó a Ucrania en ayuda financiera ese mismo periodo (18.000 millones).
¿Te fiarías de un aliado así?
La Doctrina Monroe
Y con esto llegamos a la Doctrina Monroe.
La Doctrina Monroe nace en 1823, en un momento muy concreto del tablero: los imperios europeos están saliendo de América, el Imperio español se está desmoronando.
Ahí es cuando James Monroe suelta el mensaje que marca época:
nada de volver a colonizar América.
Nada de reconquistas.
Nada de restaurar viejos imperios.
Nada de meter potencias europeas otra vez en el hemisferio occidental.
En su versión original, la doctrina es casi defensiva. Estados Unidos en 1823 todavía no era el monstruo militar-industrial que luego sería. No tenía el poder real de “hacer cumplir” nada. Pero sí tenía algo: una intención declarada, un aviso estratégico, una línea roja.
La línea era simple:
América entera —del Ártico a la Patagonia— debe quedar fuera del dominio europeo.
El “Nuevo Imperio Americano” y la Doctrina Donroe
Y ahora viene el salto.
La estrategia oficial de seguridad nacional de 2025 lo dice explícitamente: Estados Unidos debe “reafirmar y hacer cumplir la Doctrina Monroe” para restaurar la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental.
Porque el objetivo ya no es impedir banderas europeas por romanticismo histórico. El objetivo real es otro:
negar a competidores no hemisféricos la capacidad de poseer, controlar o influir sobre activos estratégicos dentro del hemisferio.
Activos estratégicos significa: tierra, puertos, cables, minas, satélites, infraestructura crítica, rutas y bases.
El año 2026 marca la aparición definitiva de un “Nuevo Imperio Americano”: un giro estratégico que abandona las apariencias del sistema liberal, del orden internacional basado en reglas, y de toda la liturgia diplomática.
La nueva línea es simple:
América entera —del Ártico a la Patagonia— es de los Estados Unidos.
Esto es lo que llamamos la “Doctrina Donroe”, un corolario agresivo y actualizado de la Doctrina Monroe.
Una demolición de ocho décadas de arquitectura global, con su moralina, su burocracia, sus instituciones y sus ilusiones.
Para que no os sorprenda si ocurre, esta demolición puede llevar al fin de:
la ONU,
la OTAN y
la Unión Europea.
Es el final de la Globalización.
Por eso mi tesis no es el fin del Imperio Americano, sino el comienzo de un Nuevo Imperio.
Aplicando la Doctrina Donroe
EE.UU. está diciendo una frase sin decirla:
“En mi hemisferio no te instales.”
Y aquí “te instales” no significa poner una bandera china en una base militar. China ya aprendió que no necesita eso.
China hace otra cosa: infraestructura, deuda, puertos, telecomunicaciones, energía, minería, estaciones espaciales y acuerdos “civiles” que mañana se pueden usar para otra cosa.
El primer paso ha sido sacar a China de Venezuela.
Y los siguientes pasos son igual de obvios:
sacar a China de Argentina (cerrar el nodo silencioso)
sacar a China del Canal de Panamá (cerrar el choke point logístico)
asegurar el Ártico (cerrar el flanco norte y el perímetro hemisférico)
Cuba y Canadá caerán por sí solas
¿Por qué Groenlandia?
Trump no está loco. Lo que hace es perfectamente racional dentro del tablero que tiene delante.
Ve un país, Dinamarca, que ha perdido todo:
ejército debilitado,
clase política sin columna vertebral y una sociedad desorientada, sin cohesión ni voluntad de sacrificio,
unas élites que ya no hablan de nación, sino de “gestión”, “gobernanza” y “mercado”,
un territorio entendido como zona económica postnacional, no como comunidad histórica.
Y cuando un país se concibe así a sí mismo, se vuelve negociable.
Vendible.
Transaccionable.
Trump solo está explotando una debilidad que ya existía.
Imagino que todo esto os suena,
¿todavía os parece imposible vender Ceuta, Melilla o incluso las Islas Canarias?
150 años detrás de Groenlandia
De hecho, los Estados Unidos han intentado adquirir o controlar la isla formalmente en al menos cuatro momentos históricos clave:
1867: La exploración inicial (Andrew Johnson)
Justo después de la compra de Alaska, el presidente Andrew Johnson exploró la posibilidad de comprar también Groenlandia e Islandia. Desde el siglo XIX, Estados Unidos ha estado “defendiendo, negociando e incrustándose” en la isla.1946: La oferta de oro (Harry Truman)
Tras la Segunda Guerra Mundial, momento en el que Franklin D. Roosevelt ya había asumido la defensa de la isla mientras Dinamarca estaba ocupada, el presidente Harry Truman hizo una oferta formal: 100 millones de dólares en oro para comprar Groenlandia.2019: El primer intento público de Trump
Donald Trump hizo pública de nuevo una discusión que los presidentes estadounidenses habían mantenido durante más de 150 años. En ese momento fue tratado como un escándalo diplomático, pero las fuentes indican que Trump simplemente “dijo la parte silenciosa en voz alta”.2025-2026: La “Anexión de la Cadena de Suministro” (Escenario Actual)
En el contexto la nueva Estrategia de Seguridad Nacional, estamos ante el cuarto y más agresivo intento. Una “anexión de la cadena de suministro disfrazada de ambición territorial”.
Los tres motivos para conseguir Groenlandia
1. Defensa: Groenlandia es minutos
Groenlandia es el sitio donde el tiempo se convierte en arma.
En un globo, el norte no es “un borde”: es el carril rápido. Y los rusos ahora tienen misiles hipersónicos.
Las trayectorias naturales entre Rusia y Estados Unidos pasan por arriba, por el Ártico, y Groenlandia se queda justo en medio como un trampolín estratégico.
Sensores, vigilancia, radar, interceptación y control del cielo.
Si tú quieres un hemisferio blindado, Groenlandia es el candado del norte. Un misil ruso Oreshnik llega a Groenlandia en 11 minutos y a Washington en 26.
2. Aliados: el mundo post-globalización ya ha empezado
Groenlandia también se vuelve lógica cuando entiendes que el “sistema aliado” se está pudriendo.
Chagos te lo enseña: un enclave crítico puede pasar de ser algo “sólido” a ser algo “alquilado”, renegociable, vulnerable, con un tercero metiendo influencia a través de dinero y diplomacia.
Eso es exactamente lo que Estados Unidos ya no quiere tolerar:
puntos estratégicos que dependan del humor político europeo.
Groenlandia es, literalmente, la alternativa a ese riesgo:
menos discursos, menos normativas, menos “consenso”… y más control directo del hemisferio.
Además, Trump está consiguiendo que los europeos se enfaden y quieran aumentar la inversión militar, quizás consigas que tus aliados vuelvan a estar a la altura.
3. Minería, ¿y si resulta que se puede sacar más de lo que creemos?
El problema actual es que Occidente depende de su rival estratégico (China) para los minerales críticos de sus “juguetes modernos” (tierras raras, baterías, defensa).
Pero el deshielo es una ventaja operativa:
China e India seguirán quemando carbón, el planeta se calentará y el hielo retrocederá.
Lo que antes era inaccesible, el deshielo lo está dejando al descubierto.
La costa y la geología valiosa (donde está gran parte de las reservas mundiales de tierras raras) son cada vez más fáciles de minar.
Groenlandia tiene el tipo de geología que importa en 2026: tierras raras, minerales críticos, inputs para industria militar y electrónica avanzada.
Y aquí está la clave:
la limitación hoy no es el hielo, es la política.
Banes, prohibiciones, licencias, restricciones medioambientales, y el hecho de que a Groenlandia le falta infraestructura para ser una potencia extractiva.
Si controlas Groenlandia, cambias la dependencia de Pekín por una mina propia en el Ártico que, irónicamente, el calentamiento global te ha regalado.
Pero si el mundo entra en fase dura —y ya ha entrado— lo que hoy es “intocable” mañana se convierte en prioridad nacional.
Y además no te hace falta incorporar los territorios, no te hace falta convertirlos en el Estado número 51. No esperes ver a Venezuela y a Groenlandia unidas literalmente a EE. UU.
Si eres un Imperio puedes actuar como tal, tienes el poder militar, el resto de países están a 100 años de distancia tecnológica, puedes hacer lo que quieras donde quieras, con Groenlandia al menos están pidiendo permiso.










