SpaceX: la fuga de las megacorporaciones
La mayor IPO de la historia y el inicio del fin de la jurisdicción terrestre
Hoy el mercado solo habla de una cosa: SpaceX.
SpaceX debuta en Nasdaq bajo el ticker SPCX 0.00%↑ , y con ella llega el IPO más grande de la historia: $75B a levantar, precio fijo de $135 por acción, valoración de $1.77T.
Todo lo demás, incluido el alivio que ha traído Trump al asegurar que la guerra con Irán ha terminado tras una semana de caídas fuertes en los índices, queda en segundo plano frente a la apertura de la empresa de Musk.
Mi análisis suele partir del gráfico, price action, medias móviles, estructura de mercado. Hoy no puedo hacer eso, la acción todavía no ha empezado a cotizar y cuando lo haga cualquier lectura técnica en las primeras horas no tiene sentido.
Así que toca un ejercicio distinto, mirar qué hay dentro de esta operación, qué juega a favor y qué juega en contra, antes de que el precio empiece a contarnos su historia.
Y antes de entrar en SpaceX en concreto, conviene poner la salida a Bolsa en contexto.
La tabla de Charlie Bilello sobre los últimos 25 IPOs grandes en 15 años no deja dudas: la mediana de retorno al año es del -31%, y el drawdown máximo desde el primer cierre tiene una mediana del -53%.
Coinbase, Robinhood, Rivian, DiDi, todos cayeron más de un 50% desde su primer cierre en su primer año. Incluso nombres que hoy parecen ganadores indiscutibles, como Palantir o Arm, pasaron por caídas de entre el 25% y el 33% antes de despegar.
Comprar el primer día de cotización de una empresa, por buena que sea, no garantiza nada a corto plazo. Con eso en la cabeza, vamos a ver qué tiene SpaceX a favor y en contra.
Los datos esenciales 📊
Antes de entrar en detalle, los números clave de un vistazo:
Precio de salida: $135 por acción, fijado de antemano sin rango de book-building
Acciones colocadas: 555.5 millones (Class A)
Capital levantado: $75B, el mayor IPO de la historia, supera el récord de Saudi Aramco ($29.4B en 2019)
Valoración resultante: $1.77T, séptima empresa más valiosa de EEUU, por delante de Tesla
Float: apenas el 4% del capital total
Greenshoe: opción de 30 días para que los underwriters compren 83.3 millones de acciones adicionales al precio de salida
Bancos colocadores: Goldman Sachs (lead), Morgan Stanley, Bank of America, Citigroup, JPMorgan
Calendario de entrada en índices, que marcará el flujo de fondos pasivos en las próximas semanas:
MSCI: inclusión temprana confirmada para esta semana, compra forzada desde fondos que replican sus índices.
Nasdaq-100 (QQQ, QQQM): vía la nueva regla de “Fast Entry”, que permite a mega-IPOs entrar en 15 días de cotización en vez del año habitual. Estimaciones apuntan a finales de junio o principios de julio.
S&P 500 (SPY, VOO, IVV): nada por ahora, el índice exige rentabilidad en los últimos cuatro trimestres, algo que SpaceX no cumple, así que la entrada queda aplazada como mínimo un año.
Con esta foto en la cabeza, toca ver qué juega a favor y qué en contra.
Puntos positivos 🟢
AI1 y los datacenters orbitales
Nuevos contratos con Google (~$30B) y Anthropic (~$45B)
Starlink es un negocio probado
Demanda histórica: más de $250B en órdenes, asignación retail del 30% frente al 5-10% habitual
Calendario de flujo pasivo a favor vía MSCI y Nasdaq-100 (Fast Entry) en las próximas semanas
Data Centers en el espacio
El 8 de junio, tres días antes de fijar el precio de su IPO, Musk subió a X un vídeo presentando el AI1, el primer satélite de cómputo orbital de SpaceX.
AI1 es, en palabras del propio Musk, “una rack de cómputo en el espacio”. Las especificaciones: 120 kW de cómputo sostenido, picos de 150 kW, 70 metros de envergadura desplegado, más ancho que un Boeing 747-8, operando en órbita baja a 600 km.
SpaceX lo compara con un rack Nvidia GB300 puesto en órbita, y el payload de cómputo es intercambiable entre fabricantes de chips. La tecnología de base, paneles solares, sistemas térmicos, enlaces láser entre satélites, ya está probada en Starlink V3, así que no hace falta inventar nada nuevo, solo reorganizarlo.
El objetivo declarado es 1 gigavatio de cómputo orbital para finales de 2026, escalando a 100 gigavatios en tres años y medio. Para sostener esa escala han presentado también Terafab, una propuesta de fábrica de chips de 100 millones de pies cuadrados en Texas, junto a Gigasat, la planta donde se construirían los propios satélites.
La justificación técnica es sencilla: en órbita hay sol casi constante para generar energía, y el vacío absorbe el calor residual sin gastar una gota de agua. Lo que sigue sin resolver es si esto sale más barato que un datacenter en tierra.
Pero, desde mi punto de vista, la pregunta de los costes de ingeniería es la pregunta equivocada, o al menos la menos urgente. El coste real que quieren reducir es el coste de los políticos.
Si tienes que convencer a los políticos, a los votantes y a un montón de intermediarios todo se ralentiza. El progreso se hace mucho más lento y sobre todo, más caro. La solución es sacarlo todo a donde no hay políticos: el espacio.
Mientras Musk presentaba AI1, en Estados Unidos el sector de los datacenters terrestres atraviesa el peor momento regulatorio de su historia reciente.
Aquí está el verdadero argumento de SpaceX, y el que más me interesa de todo el folleto del IPO.
En órbita no hay ayuntamiento que vote una moratoria, no hay vecino que proteste por la factura de la luz, no hay senador que presente una ley. SpaceX, al controlar el cohete, el satélite y la red de comunicaciones que conecta ambos con la Tierra, es de las pocas compañías del planeta que puede plantear esa fuga hacia adelante no como ciencia ficción, sino como una línea más en su prospecto de salida a bolsa.
Los nuevos contratos
El otro gran argumento a favor llegó también en la semana previa al IPO, y tiene nombre y apellido: Google y Anthropic.
El 5 de junio, SpaceX anunció un contrato con Google por $920 millones al mes. En total, casi $30B repartidos entre octubre de 2026 y junio de 2029. A cambio, SpaceX pondrá a disposición de Google 110,000 GPUs Nvidia desde sus centros de datos Colossus, los mismos que opera para xAI.
Unas semanas antes, en mayo, ya había cerrado otro acuerdo con Anthropic. Este es todavía mayor: $1.25B al mes, cerca de $45B en tres años, con acceso a al menos 300 MW de cómputo en Colossus 1 y, según se anunció después, también en Colossus 2.
Juntos, estos dos contratos suponen unos $26B anuales. Para poner esa cifra en contexto, toda la facturación de SpaceX en 2025, sumando Starlink, lanzamientos y AI, fue de unos $18.7B a $20B.
Es decir, dos contratos firmados en cuestión de semanas valen más que todo el negocio actual de la empresa. Y no son contratos especulativos ni cartas de intención, son acuerdos firmados con cifras y plazos concretos.
Ahora bien, hay dos detalles a tener en cuenta:
Ambos contratos incluyen cláusulas de salida generosas. Si SpaceX no entrega la capacidad de GPUs comprometida en plazo, Google puede cancelar o renegociar a la baja. Y a partir de cierto punto, cualquiera de las dos partes puede salir con solo 90 días de aviso.
La circularidad. Google es accionista de SpaceX desde 2015. Anthropic tiene su propio proceso de salida a bolsa en marcha. Son socios con intereses cruzados, firmando contratos jugosos justo antes de un evento que beneficia a todos en la narrativa.
Eso no invalida los números. Pero sí conviene tenerlo en la cabeza antes de extrapolar estos $26B anuales como si fueran ingresos garantizados a perpetuidad.
Puntos negativos 🔴
Sobresuscripción (3.5-4x) llamativa en absoluto, pero no es récord en relativo
Float del 4%
Calendario de lockup escalonado con varias fechas entre julio y diciembre
Valoración de 94x EBITDA 2025
Déficit acumulado de $41.3B y advertencia explícita de que podría no ser rentable nunca
¿Mucha demanda o poca?
Se ha hablado mucho del 3.5x-4x de sobresuscripción, y suena a una barbaridad.
Pero en términos relativos no es un récord. Arm, en 2023, estuvo 6x sobresuscrita, y eso para levantar apenas $5B.
La diferencia está en el tamaño absoluto. Un 4x sobre $75B deja entre $175B y $225B de demanda sin cubrir, una cifra brutal en sí misma. Pero el ratio, que es lo que de verdad mide el apetito relativo, no es excepcional para una operación de este tamaño.
Y el precedente reciente de mega-IPOs no acompaña. Como vimos en la intro, la mediana de retorno al año de los grandes IPOs de la última década es del -31%, con drawdowns medianos del -53% desde el primer cierre.
El float
Solo el 4% del capital sale a cotizar hoy. Esto no es positivo ni negativo en sí mismo, pero sí es una fuente garantizada de volatilidad mecánica en ambas direcciones mientras el mercado intenta encontrar un precio de equilibrio con tan poca oferta disponible.
En índices establecidos, lo normal es un float por encima del 80-90%. Pero ahí no hay comparación posible, esas empresas llevan años o décadas cotizando y el float se ha ido ampliando con el tiempo.
La comparación correcta es con otros IPOs recientes, y ahí la tendencia lleva años yendo a la baja. De 2002 a 2007 el float medio en un IPO era del 28%. En 2019 ya había caído al 16%. Y para los IPOs más calientes de tecnología (Crowdstrike, Zoom, Datadog) ha estado por debajo del 10%.
Aun así, el 4% de SpaceX está en el extremo bajo incluso para ese grupo. Según Renaissance Capital, los IPOs de tech y biotech “bajo float” suelen moverse en el rango del 5-10%, y SpaceX queda por debajo de eso.
El lockup
Un lockup es el periodo tras un IPO durante el cual insiders, empleados e inversores tempranos tienen prohibido vender sus acciones. La lógica es simple, si todo el que compró antes de salir a bolsa pudiera vender el primer día, el precio se hundiría bajo el peso de esa oferta, justo cuando los nuevos inversores acaban de entrar.
Lo habitual es una única fecha, normalmente a los 90 o 180 días, donde el lockup expira de golpe para todos.
SpaceX ha hecho algo distinto. En vez de una fecha única, ha diseñado un calendario con varias ventanas de liberación escalonadas en el tiempo, cada una con su propio porcentaje y, en algún caso, su propia condición.
En amarillo marco el detalle más interesante. Si la acción cotiza un 30% o más por encima de los $135 durante 5 de los 10 días siguientes a esos resultados, se libera otro 10% adicional.
Es decir, una subida fuerte a corto plazo desbloquea más papel para vender.
La rentabilidad
SpaceX acumula un déficit de $41.3B desde 2002, y advierte en su propio folleto que podría no ser rentable nunca.
Que una empresa salga a bolsa sin ser rentable y con múltiplos de otro planeta no es nuevo. Snowflake cerró su primer día de cotización en 2020 a 174 veces ventas, sin ser rentable, en un momento en que CrowdStrike o Zoom ya se consideraban caras a 40-80 veces.
Palantir salió el mismo año, también sin beneficios, y hoy es uno de los ejemplos favoritos de “empresa cara que acabó funcionando”.
Lo que cambia con SpaceX es el tamaño. $41.3B de pérdidas acumuladas y $1.77T de valoración no tienen comparación directa con ningún IPO anterior. La apuesta de fe sobre el futuro sigue siendo la misma de siempre, pero nunca se había hecho con esta cantidad de ceros.
Conclusión
Lo único seguro: volatilidad. El precio de salida es $135, el precio de cierre totalmente impredecible.
A corto plazo, nadie sabe qué va a pasar. Y conviene ser consciente de que casi todos los actores implicados tienen incentivos para que suba.
No solo porque suba el precio. Si la acción se mantiene un 30% por encima de los $135 durante varios días, se desbloquea más papel de insiders para vender. Es decir, una subida no solo permite vender más caro, permite vender más cantidad.
A esto se suman los flujos pasivos. MSCI esta semana, Nasdaq-100 en las próximas semanas vía Fast Entry. Es soporte técnico real, pero no dice nada sobre el valor de la empresa, solo sobre quién está obligado a comprar y cuándo.
Y luego está la historia. La mediana de los grandes IPOs de la última década cae un 31% en su primer año, con drawdowns medianos del 53% desde el primer cierre. Que SPCX tenga una caída fuerte en los próximos meses no sería la excepción, sería lo normal.
Nada de esto, sin embargo, cambia lo que de verdad está en juego con SpaceX, y que para mí es la pieza más interesante de todo este folleto.
El objetivo declarado no es solo llevar humanos al espacio. Es que las grandes megacorporaciones de la humanidad puedan operar fuera de la Tierra. Datacenters sin moratorias, sin redes eléctricas que negociar, sin ayuntamientos que voten en contra.
Es el comienzo de una construcción global distinta, con menos leyes y menos gobiernos decidiendo qué se puede hacer y dónde. La cotización de hoy es ruido a corto plazo. Esa construcción es la historia de fondo que solo acaba de empezar.
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Disclaimer: Todo el contenido tiene fines educativos y refleja mi análisis personal del mercado. No constituye asesoramiento financiero ni recomendación de inversión.





